Historias del Tepozteco: razones para ir a los hoteles en Cuernavaca

La mayoría de los turistas llegan a los hoteles en Cuernavaca (http://www.fiestamericana.com/viaja/hoteles-en-cuernavaca.html) sin tener muy pensado qué es lo que van a visitar en su recorrido. No es que seamos expertos en cuestiones del estado, pero una de las visitas más intrigantes y satisfactorias es acercarse al cerro del Tepozteco, para conocer sus historias.

Esta historia comienza con una bella muchacha que vivía con sus padres y era muy codiciada por muchos jóvenes del pueblo. Sin embargo, ella no tenía ánimo de pensar en esas cosas, por lo que se divertía a su manera. Esto era, principalmente, darse baños cerca de la Barranca de Atongo. No todos veían bien esto, especialmente porque decían que podía “darle un aire”. Y aunque parecía imposible, así fue. Sin saber cómo explicarlo, la muchacha confesó su embarazo a los padres.

La vida llegó a los pulmones del niño, quien parecía muy encariñado con su madre, hasta que el abuelo se lo arrancó para deshacerse de él. Pero el niño ponía resistencia, pues no lo podían “eliminar”. Si lo querían dejar abandonado para que muriera de hambre, los magueyes lo alimentaban, acercando sus ramas a su boca. Y si no eran los magueyes, las hormigas más violentas lo cuidaban en cuanto estaban cerca de él.

Finalmente, el abuelo se dio por vencido y lo abandonó. El pequeño Tepozteco estuvo unos días a la intemperie, hasta que un par de ancianos pasaron por ahí y lo vieron. Como no habían tenido hijos, decidieron adoptarlo. Así, tranquilamente, Tepozteco creció muy fuerte y grande. Sin embargo, una serpiente llegó a amenazar a la población, que a cambio de no ser atacada, le daba ancianos para que comiera. El tiempo pasó, y llegó el día en que llamaron al papá de Tepozteco. Sin embargo, él lo impidió y fue en su lugar, recolectando piezas de obsidiana en su bolsa. Cuando llegó al nido de la serpiente, en un parpadeo lo devoró.

Tepozteco se alegró de que lo tragara de un bocado. La serpiente no le había causado ningún daño y él podía causarle un mayor daño. Así, poco a poco, comenzó a desgarrar el interior de la malvada, que sin explicarse el motivo, comenzó a sentir unos dolores terribles en el estómago. Tepozteco siguió rasgando, hasta que la terminó de matar. Victorioso, comenzó su recorrido de vuelta a su población. En el camino, se enfrentó con una población que no le dejó tocar la flauta y el tambor con el que estaban haciendo música. Logró huir, y en su camino creó lo que en la actualidad son los corredores de aire de Ehecátepetl, y la cuenca que se ubica en Cuernavaca.

Su hazaña ya había llegado a los oídos de los pobladores de Tepoztlán, que lo nombraron como su Señor, y gobernó a partir de ese momento. Pero un día desapareció sin dejar rastro y nadie supo si había muerto o se retiró a la pirámide, en donde algunos piensan que continúa.

Tepoztlán guarda muchas historias relacionadas con el cerro del Tepozteco. Otra de las que se cuentan tiene que ver con unas bolas incandescentes que aparecieron moviéndose a gran velocidad. Podían ser muy grandes, medianas o chicas, pero todas terminaban en los árboles pero, curiosamente, no los quemaban.

En un inicio, las bolas habían llegado en una gran multitud. El tiempo las fue desvaneciendo hasta que una era la que quedaba. Las personas ya sabían que era una hechicera muy malévola, que cazaba niños pequeños para comérselos. Tanto era el temor que los curanderos de la población comenzaron a poner hechizos en las puertas para que no se los llevaran.

Cuando se enteró de la ayuda que proporcionaban los chamanes a las personas, la bruja comenzó a matar uno a uno cada noche, eliminando a la mayoría y apoderándose de toda la ciudad. Y la gente dejó de salir a las calles, por miedo a encontrársela.

Una de las curanderas no había recibido a la bruja, pero sabía que iría a por ella. Por eso, y para no sentir que el temor la inundaba, comenzó a prepararse. Se decía que en el cerro del Tepozteco había una forma de obtener un gran poder, por lo que subió muchas veces en su búsqueda.

El recorrido diario de la curandera comenzó cierto día, y en la mitad de la vereda, la bruja se cruzó ante sus ojos, desafiándola al enfrentamiento. Sin dudar ni un segundo, la curandera empezó a atacarla, reuniendo todas sus fuerzas. La energía de esta lucha era tanta que el cielo se oscureció y luego desató una de las tormentas más fuertes que ha visto el país.

En la actualidad, hay una parte del cerro del Tepozteco que tiene la forma de la bruja. Esto es porque, cuando ya iba perdiendo, intentó escapar para no morir. Sin embargo, la gente del pueblo había comenzado a perseguirla también y ella no encontraba más salida que volar. Así pues, chocó con una parte del cerro, que la devoró inmediatamente, para evitar que su mal siguiera esparciéndose entre la tierra. Y ahí sigue hasta nuestros días.